lunes, 26 de octubre de 2020

Los Dos Mundos

El objetivismo de Ayn Rand justifica el dar la vida por un ser querido, como podría ser nuestra pareja, ya que uno podría llegar a preferir no vivir si ello implica el sufrimiento de perder a dicho ser querido. A parte de que es sopredente que en esta filosofía individualista se ponga por delante la vida de otro a la de una mismo, nos lleva a la reflexión de dos mundos distintos a los que nos podemos ceñir en estos problemas éticos.

Uno de los "mundos" se restringe a nuestra propia experiencia. Como observadores que somos (usando el término como lo haría un físico), solo nos debería preocupar lo que nos pueda afectar a nosotros mismos. Pero llegada nuestra muerte, nada podrá alterarnos. Es decir, si el mundo se terminase al día siguiente de nuestra muerte, jamás nos enteraríamos. ¿Cómo nos va a importar que algo ocurra si jamás nos afectará? ¿Tiene sentido pensar el mundo una vez abandonemos nuestro papel como observadores en él? ¿Deben preocuparnos nuestras acciones tras la muerte si jamás veremos sus consecuencias? Uno podrá pensar que si el mundo sufriese una catástrofe gigante el día después de nuestra muerte, nuestros seres queridos sufrirán esa catástrofe. Pero su experiencia jamás nos alcanzaría, jamás llegaríamos a saber si ha ocurrido o no tras nuestra muerte. Para nosotros, esa realidad jamás llegaría si quiera a haber existido.

Por el contrario, el otro "mundo" consiste en asumir que el universo continua existiendo tras nuestra muerte, incluso si jamás pudiesemos demostrarlo o si jamás volviésemos a saber algo de él, como ocurre tras nuestra muerte. En este caso, sí nos importarían las consecuencias de nuestros actos tras nuestra muerte, ya que creeríamos en un mundo que sigue ahí tras abandonarlo nosotros.

Uno podría pensar que las acciones que se derivan de ceñirse al primero de los mundos resultarian en un caos e imposibilitaria la convivencia social, dado que a una persona se le podría antojar exterminar la vida en la tierra justo antes de morir, bajo los razonamiento anteriormente expuestos. Pero de igual forma, solo somos conscientes de que la sociedad existe debido a que somos un observador. Si dejamos de ser observadores, como suponemos que ocurre al morir, la sociedad deja de existir para nosotros, incluyendo a los observadores en dicha sociedad.

La filosofía de Ayn Rand claramente se rige en el segundo de los mundos. Aparte de los ejemplos discutidos de exterminar la vida en la tierra (que claramente son amorales según la filósofa), lo que es relevante es que según Rand, debemos considerar las consecuencias de nuestras acciones incluso depués de haber fallecido. Un ejemplo más positivo sería el hombre que dedica su vida a fomentar las ideas del liberalismo para que dentro de décadas, incluso tras su muerte, el mundo avance hacia mayores libertades individuales. A primera vista, considerar la repercusión de nuestras acciones después de nuestra muerte puede sonar estúpido desde la filosofía de Rand, ya que nuestro último fin es ser felices, y si estamos muertos no podemos ser felices.

martes, 13 de octubre de 2020

De la mente como ente cuántico: salvar el libre albedrío

El libre albedrio no es un proceso determinista, por tanto no es un proceso fisico que explicar con modelos matematicos. Es sabido que la mecánica cuántica, pese a introducir una aleatoriedad en el modelo físico que rige la escala subatómica, no permite un mecanismo descriptivo del fenómeno del libre albedrío.

Para intentar cuadrar nuestra sensación de libertad de elección, uno debería pensar en un mecanismo que resulte en desviaciones físicas del modelo causadas por nuestra decisión. En mecánica newtoniana, esto supondría que el libre albedrío sería la causa por la cual ciertas partículas se moviesen de forma distinta a las leyes newtonianas. En mecánica cuántica, esto supondría que el colapso de la función de onda dejase de regirse por la probabilidad dada por la teoría. ¿Pero sabría el cerebro humano que el colapso de cierta partícula desembocará en los efectos propios a la decisión que hemos tomado? Para resolver este enigma y dotar a la mente humana de "consciencia" sobre los efectos que producen estas desviaciones de la probabilidad cuántica, uno debe suponer una de ambas opciones:

1) El lugar físico donde se aloja este mecanismo del libre albedrío es suficientemente pequeño como para que el colapso de una única partícula determine nuestra decisión provocando un efecto a mayor escala en el cerebro

2) El cerebro humano actua como un operador cuántico macroscópico, que colapsa la función de onda de todo el sistema cerebral según el libre albedrío. De esta manera, el cerebro conoce el resultado físico de colapsar la función de onda, y por tanto puede "decidir" de forma consciente el futuro, y así definir las acciones que realiza el ser humano.

Ambas opciones introducen un resultado distinto en los colapsos de las funciones de onda en el cerebro a los de la teoría cuántica, que podrían ser medibles (aunque a dia de hoy, dichas observaciones en el cerebro no se han llevado a cabo).

lunes, 3 de agosto de 2020

Sobre la Consciencia

En este blog se ha tratado multitud de veces el concepto de consciencia. En adelante se va a definir una particular acepción del término según el autor.

La consciencia es el nivel de entendimiento del entorno espacial y temporal en el que se situa el observador. También se puede entender como la conexión que uno tiene con lo que le rodea, o tener "los pies en el suelo". Esto significa ser consciente tanto del lugar en el que estamos como de nuestro pasado y el futuro próximo. De alguna manera, esto implica no solo conocerlo y entenderlo, sino también tenerlo en mente cuanto más frecuentemente mejor, dado que es normal centrarse en el presente (o fantasear y vivir "soñando" en exceso) y en nuestro entorno inmediato y más próximo, descuidando todo lo demás.

El ser humano tiene la capacidad de forzarse a ser más consciente o menos. Este proceso puede darse tanto en breves intervalos de tiempo como a la larga. Un ejemplo del caso de adquirir consciencia en un breve intervalo de tiempo es el de salir de un videojuego que nos ha cautivado dentro de su mundo durante unas horas, o levantarnos del sofá tras una horas viendo la televisión. En ambos casos uno experimenta un "volver a la realidad", en el que necesita realizar cierto esfuerzo en acordarse de donde está, que día es, que debe hacer ahora y hasta de quién es.

Con esta información, uno logra saber más acerca de sí mismo, y sus acciones tienen en cuenta la amplia situación en la que se encuentra.

jueves, 25 de junio de 2020

Sobre el Segundo Autoengaño

Como se ha tratado en una anterior entrada denominada "Autoengaños", el autor ha listado una serie de suposiciones en la vida que, aunque se puedan poner en duda cuando uno reflexiona en filosofía, se asumen como válidas en la vida diaria.

La segunda mencionada fue el asumir que existe el libre albedrío, pero se podría extender a la suposición de que nuestra vida está más condiciona por las circunstancias que por nuestras propias decisiones.

Si bien acertar en qué porcentaje nuestra vida esta influenciada por el entorno no dependiente de nosotros es una tarea prácticamente imposible, todos podemos aceptar que en cierta manera, lo está. Pero si asumimos diariamente que lo que hemos acontecido no es mérito nuestro, de ello se alimenta una determinada visión y perspectiva de la vida pasiva, que nos hace más irresponsables ante nuestra vida. Esta actitud es dañina y en todo momento se debe evitar, por ejemplo, mediante el autoengaño de pensar que el porcentaje del que dirigimos nuestra vida es mucho mayor. Solo cabría "desengañarse" en acontecimientos fortuitos y azarosos de los cuales no estemos erróneamente culpabilizando.

De la Religión a la Interpretación Teológica


miércoles, 17 de junio de 2020

Niveles de la Matrix

La película Matrix nos presentó la posibilidad de vivir en una caverna de platón, de modo que el mundo que percibimos con nuestros sentidos no sea el "mundo real", y que se trate de impulsos eléctricos en nuestro cerebro.

La cuestión es que película plantea que en la realidad, los seres humanos existen como tal, a semejanza de los del "mundo virtual". Pero, ¿y si eso no fuese así? ¿Y si realmente fuésemos otro animal completamente distinto al que le están engañando, vía impulsos eléctricos claro, hacíendole creer que es un humano? Y yendo más allá, ¿y si realmente no somos siquiera animales, si no robots? ¿Dónde está el límite?

Esta proposición rompe con una de las dudas que trata Descartes, la duda de la percepción sensorial. Desechada esta, llegamos a la duda final, con la que concluye que al menos debe existir un ente pensante, un observador. ¿Cómo podemos acotar a dicho ente? Como hemos visto anteriomente, no debemos siquiera limitarnos a los seres vivos, ya que nosotros mismos podríamos ser una máquina. Ahora bien, ¿qué características necesitamos cumplir siendo esa máquina obligatoriamente?

Podemos pensar que dicha máquina debe al menos tener una capacidad computacional equivalente a nuestro cerebro.  Además, debe tener aquellos impulsos eléctricos que sustituyen a la percepción, aunque uno puede pensar que estos no tienen por qué ser externos, sino que bien podrían actuar como en un sueño, siendo el propio ente el que los crea. Sería imposible que procesemos ( computemos  nosotros mismos) nuestro mundo observable cuando no alcanzamos dicha capacidad computacional. Por tanto, la primera condición debería ser:

1. Mínima capacidad de procesamiento de datos como para simular el mundo virtual

Uno podría pensar que se podría acotar también una duración mínima para esta máquina, dado que existirá un límite temporal para computar la realidad virtual en la que supuestamente vivimos. Pero esto se ve imposibilitado por la idea de que solo podemos estar seguros de nuestro presente, dado que nuestros recuerdos bien pueden ser un paquete de información cargado hace escasas unidades de tiempo de Planck para hacernos creer que hemos vivido toda una vida. Con el futuro ocurre lo mismo.

2. Mínimo tiempo de existencia en el mundo real

jueves, 28 de mayo de 2020

No Podemos Percibir el Tiempo Ralentizado

La relatividad de Einstein sostiene que, si bien un observador siempre medirá la velocidad de su reloj al mismo ritmo, para observadores externos ese mismo reloj puede ralentizarse debido a la dilatación temporal.

Esto abre la cuestión de si de verdad existe un tiempo absoluto que no podemos medir, dado que si  en nuestro entorno local se ralentizase el tiempo (debido, por ejemplo, a la proximidad de una gran masa que curve el espacio-tiempo), nuestra propia percepción sensorial y nuestro procesos neuronales se ralentizarían en igual proporción. 

De hecho, de pararse el tiempo local, dado que no podemos pensar durante ese lapso, no podríamos percibir que el tiempo se ha detenido y sentiríamos que el tiempo no solo fluye siempre, sino que siempre lo hace a la misma velocidad.

Sería al observar un fenómeno lejano el único caso en que, debido a no estar bajo dicha dilatación temporal, podríamos percibir cuánto se ha ralentizado el reloj de quien la sufra. De esta manera, parecería que el observar a lo lejos nos brindaría la oportunidad de percibir el verdadero flujo del tiempo para el fenómeno que sufre la dilatación temporal.

domingo, 10 de mayo de 2020

Sobre una mejor Analogía para Entender la Física y las Matemáticas

Imaginemos dos pantallas. Ambas pantallas muestran lo que aparentemente es un videojuego que simula la realidad, la vida cotidiana. En una de las pantallas, el videojuego se ha construido a partir de leyes físicas introducidas en un programa, el cual genera soluciones. Por ejemplo, un tiro parabólico en esta pantalla viene dado por la ecuación física del tiro parabólico. En la otra pantalla, por el contrario, se muestra la realidad tal y como es, como si de un vídeo se tratase, el programa de esta pantalla es únicamente una cámara grabando el mundo real.

En la pantalla que se ha descrito en primera instancia, la cual denominaremos pantalla "física", se pueden introducir las ecuaciones que uno desee. Por ejemplo, se puede introducir una ecuación para la gravedad que sea la ecuación de Newton con un segundo término sumando al original. En esta pantalla, el mundo que en ella se muestra ahora mostrará trayectorias de los objetos sometidos a la gravedad distintas. Otro ejemplo podría ser que, al introducir en el programa las ecuación de movimiento y gravedad de Einstein, el planeta mercurio mostrase una órbita distinta que si se introducen las de Einstein. La única condición que debe cumplir esta pantalla es que las ecuaciones que se introduzcan sean coherentes en su propio lenguaje matemático, porque de lo contrario, el programa no sabrá hacer uso de ellas y devolverá un error.

Por el contrario, la otra pantalla, la cual denominaremos como pantalla de la "realidad", muestra al mundo tal y como lo observamos. A diferencia de la otra pantalla, esta no la podemos alterar, es la que es.

Por si no ha quedado claro, la labor de la física queda aquí bien representada como el intento de, mediante la introducción de leyes fisicas y ecuaciones en la pantalla física, hacer coincidir ambas pantallas para que muestren el mismo mundo. Y esto se consigue mediante mejores y mejores aproximaciones, pero por el momento, no hemos logrado que ambas pantallas coincidan a la perfección. Por tanto se puede concluir que la física se inventa, no son más que distintos modelos que se elaboran con el fin de ser comparados con una realidad observable. No es necesario desmembrar la analogía, dado que la física no se entendiende mediante una pantalla, sino mediante modelos definidos en hojas, que son a su vez escritas en lenguaje matemático.

Por el contrario, si pensamos en la las matemáticas, podemos imaginarnos otra pantalla distinta e independiente de las demás, la cual denominaremos pantalla "matemática". En esta pantalla platónica podemos introducir ecuaciones y fórmulas, y el programa, sin la necesidad de mostrar en vídeo nada, nos dirá si dichas ecuaciones y fórmulas tienen coherencia matemática y están libres de errores. Por tanto podremos introducir en la pantalla 2+2=4, pero si introducimos 2+2=5 el programa no aceptará dicha fórmula ya que es un error según los axiomas del lenguaje matemático que hemos definido. La labor de esta pantalla no trata de lograr aproximarse a otra pantalla de la "realidad", sino simplemente de construir dentro de la misma con coherencia matemática. Por tanto, se puede concluir que las matemáticas no se inventan, sino que son descubiertas a base de desarrollar y desarrollar operaciones que actúan según unos determinados axiomas. Como curiosidad, en esta pantalla Pi tiene infinitos valores.

martes, 31 de marzo de 2020

Sobre la Convergencia hacia una Teoría sin Suposiciones

Es común en física que el no contar con ciertos detalles despreciables de la realidad a la hora de elaborar un modelo que intente vislumbrar aquellos patrones que percibimos en la naturaleza con los que pretendemos cimentar la predictibilidad del modelo, resulte en una teoría más sencilla y elegante. Un ejemplo podría ser el no contar con el rozamiento. De la misma forma, un modelo que tenga en cuenta esos detalles es más completo y preciso.

Este proceso puede entenderse como que a menor número de suposiciones o conjeturas, más se acercará nuestro modelo a mimetizar los procesos observables que pretendemos estudiar. Un ejemplo más allá del romper con suposiciones puede ser el dejar de asumir que el tiempo y el espacio son absolutos, lo que derivó en un modelo más completo y preciso de la interacción gravitatoria. Como es de esperar, este nuevo modelo fue mucho más complejo que el anterior.

¿Qué podemos esperar del futuro en este sentido? ¿Quizás nuevos modelos mucho más complejos y rebuscados sin casi suposiciones? El problema reside en la dificultad de elaborar modelos a partir de pocas asunciones. Ya se ha comentado en este blog acerca de la suposición más plausible en relación a la construcción de un modelo físico, pero en este caso se comentará el axioma más plausible dentro del modelo matemático. De hecho es dificil pensar en cómo elaborar un modelo sin ninguna conjetura, que es a lo que apunta la tendencia en la física para alcanzar la denominada teoría del todo, que permitiese predecir con absoluta exactitud (dentro de los límites del modelo), sin que pudiese haber lugar a mejores aproximaciones. 

Si no podemos construir un modelo sin asumir nada, ¿puede el universo observable manifestarse sin ningun axioma de fondo? Y más concretamente, de ser así, ¿podría mostrársenos con el orden que parece tener? Quizás ese supuesto orden no sea más que un fenómeno emergente del puro caos, pero de no ser el caso y siguiendo con la tendencia de la física durante los últimos siglos, se puede hacer el ejercicio de buscar el axioma último, la única conjetura de la que podría partir toda la física hasta ahora.

En tal caso, se podría entender cómo los modelos actuales son cada vez más y más complejos con el fin de corregir las diferencias con el modelo último de la teoría del todo, siendo este el más preciso y exacto, y el buscar que nuestros modelos encajen con él acabase derivando en una escalada en complejidad.

Por razones metafísicas y estéticas, se puede hipotetizar que dicho axioma último sea es más simple y básico posible. Ahondando en la lógica, este podría ser el princpio de no contradicción (o principio de sustitución según, por ejemplo, como el modelo de Stephen Wolfram). Por tanto, podríamos imaginarnos el universo observable como un tablero binario en el que únicamente se cumpla el princpio de no contradicción, eso es, que un elemento básico e indivisible no pueda ser su contrario. Esto recuerda mucho al juego ya mencionado en este blog de Conway's Game of Life, aunque este incluye una serie de reglas a mayores las cuales habría que desechar por estética metafísica.

Sobre aquellos denominados "Débiles"

En esta entrada el autor pretende esbozar un tipo de actitudes antes la vida (dado que considera que las personas son seres cambiantes que pueden aprender y encauzar sus vidas) que considera diametralmente opuestas a las presentadas y defendidas en este blog durante los últimos dos años. Para ello es necesario introducir el término del "débil" no con el fin de usarlo de manera peyorativa, sino únicamente para distinguir, según los valores de la filosofía objetivista y en particular la visión del objetivismo del autor, entre el objetivo que persigue dicha filosofía y del que intenta alejarse. Por tanto, se espera que sirvan estas próximas explicaciones para definir y acotar dicho modelo a seguir mediante la descripción de aquel modelo que se rechaza.

El "débil" parte siempre de un pilar común del que derivan sus debilidades. Este pilar es el de dejarse llevar por sus sentimientos, emociones, impulsos e instintos en aquellas situaciones en las que conviene presncindir de ellos. Anteriomente se han descrito situaciones en las que el objetivismo permite dar rienda suelta a estas pasiones, como puede ser el arte, pero también se ha descrito cómo obedecer a ellas en el resto de los casos minimiza la posibilidad de llegar a conclusiones y decisiones acertadas.  El ser humano puede abandonar el uso de la razón y dejarse llevar por sus impulsos, de hecho, es el camino fácil, el no pensar ni razonar, pero el precio a pagar por ello es grande. Por tanto el "débil" hará caso omiso a la razón y a los hechos reales y objetivos en su vida, y probablemente la única motivación para obrar así sea la comodidad de no pensar y el poco esfuerzo que requiere dejarse llevar.

De este pilar derivan diferentes conductas nocivas para el ser humano (aparte de la venenosidad de rechazar la razón, siendo ésta de las pocas cualidades que nos diferencian de los animales, acercándonos a ellos). Una de ellas es el sentimiento bidireccional de pena por los demás y de inferioridad hacia uno mismo. Del mundo que ve, señalará aquello que le parece triste y frágil, de sí mismo, señalará lo negativo y cobarde, a modo de intentar sobrellevar el sentimiento de ser "débil" mediante la identificación de las características "débiles" que le rodean. Esto no es más que un modo alimentar a esos sentimientos y pasiones compasivos y victimistas (cuando son ellos los que hacen del mundo un lugar más penoso y decandente), y nada nada tiene que ver con una actitud depresiva, incluso a veces esta actitud es adornada por un tono de ingenua felicidad. Esto es debido a que el ser "débil" ve como algo malo enorgullecerse de sus propios logros y virtudes, y rechaza buscar la felicidad en las acciones que van dirigidas hacia sí mismo.

Si bien estas actitudes suelen desarrollar en los "débiles" un gran afán altruista y empático (quizás la única cosa buena que se les pueda achacar a los "débiles", aunque el precio a pagar por alcanzar dichas obras no merece en absoluto la pena), las consecuencias fuera de estas buenas acciones son nefastas, ya que el "débil" carece de motivación por mejorar como persona y aprender, ha negado la tendencia del hombre a hacer de sí mismo la realización de la idea de perfección (normalmente identificada con Dios en el pasado). Por el contrario, se limitan a la práctica budista de hallar satisfacción o mero alivio de su tristeza mediante la ayuda incondicional hacia los demás. Tal acto no sería inmoral, sino fuese para ellos un deber o si no descuidasen su propia felicidad y antepusiesen la de los demás a la poca que albergasen ellos mismos. Pero la peor de todas es la condescendencia hacia aquellos que no comparten la misma actitud, por una envidia que se rechaza (al igual que rechazan cualquier sentimiento mínimamente motivacional) para eludir el hecho de que su actitud hacia el mundo es la errónea y no deriva en la felicidad que ansiamos todos por igual, y que es sustituida por sentimiento de superioridad moral.

Yendo más a la práctica, los "débiles" pueden ser fácilemente indentificados por sus constantes comentarios de la decandencia del mundo que les rodea, curiosamente considerando decadente cualquier característica que ellos no compartan, y mostrando sus propias características mediante la constante identificación y enfoque hacia su mala suerte, aquello que hacen mal, y diversos modos de victimismo injustificado (entendiendo el victimismo injustificado como las situaciones que sufren y que ellos mismos han propiciado con sus acciones). De tal negatividad únicamente logran salir a flote mediante la infección de aquel lugar por donde pisan de la misma.

Otra consecuencia de dejarse llevar por las emociones, es la falta absoluta de valores fijos, lo cual ocasionalmente puede derivar en el quebrantamiento de sus propios ideales, sin que ello repercuta lo más mínimo en su vida moral y sin que sirva para aprender de un error dado que siempre quedará justificado por el origen de su moral, las pasiones.

martes, 24 de marzo de 2020

Cápsula del Tiempo (Predicciones en Física para el Siglo XXI)


Recurrentemente el autor reflexiona acerca de qué avances en física (no en tecnología) se llevarán a cabo durante este siglo.

Que quede claro que a veces la física avanza a escalones, así como a finales del siglo 19 nadie se imaginaba las revoluciones sobre la mecánica cuántica y la nueva concepción de la gravedad, así como la revolución de la física de partículas a mitad del siglo 20, y por tanto de predecible tiene poco y esto son meras estimaciones para leer y pasar el rato (y reirnos dentro de 50 años sobre cómo no teníamos ni idea de qué iba a pasar).

Para ponernos en contexto, la física teórica actual vive una crisis. En pocas palabras, durante el siglo 21 no se ha hecho prácticamente nada notable. Hemos fotografiado un agujero negro, obteniendo una evidencia directa de que existen, aunque ya hubiesen evidencias desde los años 60, hemos observado el bosón de higgs, que se habría predicho ya en los 70s, hemos medido ondas gravitacionales, predichas por Einstein en los 20s, y a finales del siglo pasado hemos observado que el universo está en expansión acelerada (esto de física teórica tiene muy poco). Existe toda una generación de físicos teóricos frustrada. Las últimas "teorías" modernas, como las teorías de cuerdas y la teoría M, la supersimetría... etc sí son recientes, pero no se han podido comprobar de ninguna forma.

Ahora bien, cosas que esperamos que ocurran en el próximo siglo. Primero que nada hay debate de si vamos a construir un acelerador de partículas mayor (FCC?) para buscar nuevas partículas y quién sabe, quizás probar la supersimetría a niveles mayores de energía o extender el modelo estandar de alguna otra manera, o si no merece la pena (cito a sabine hossenfelder como principal detractora de la idea) y la que sería la máquina más cara y grande construida por el hombre no devolviese ninguna información relevante (imagiaos el desastre). De ahí dependerá si la teoría de cuerdas va a algún lado o no. Sería una maravilla poder comprender mejor la mecánica cuántica descartando interpretaciones mediante experimentos cuánticos. Y de la teoría del todo os podéis ir olvidando. Por otra parte, se espera más aún que podamos llevar a cabo algún experimento para estudiar las diferentes propuestas a la gravedad cuántica. Quizás estos involucren mejores experimentos y observaciones del cosmos, ya sean mejores medidas del CMB, o mayor precisión y alcance de observaciones del espacio, que nos permitirían ver instantes cada vez más cercanos al big bang del universo. Estos datos serían de gran valor para comprender mejor el big bang y desestimar o probar teorías como la de la inflación.

La física moderna está obsesionada con la materia oscura, y en verdad nadie sabe cuál puede ser su solución. Pero como es notorio que la comunidad científica está tan enfocada en intentar resolverla, el autor supone que daremos con la solución en el próximo siglo, ya sea descubriendo la wimp que la compone (o wimps?) o modificando cómo entendemos la gravedad (rotacional?). La energía oscura parece más complicada de resolver porque es que ni siquiera hay propuestas sólidas y no sería de extrañar que quedase como enigma por mucho más tiempo.

Por si alguno se lo pregunta, lo más probable es que el hombre pise marte en este siglo, aunque olvidaos de colonizarlo, ya que terrificar (o se dice terraformar?) marte es una locura inviable y la alternativa es muy costosa. Lo más interesante que podría ocurrir en la exploración espacial es que logremos alcanzar con sondas el sistema solar más cercano, Alpha Centauri, donde no solo podría haber un planeta habitable sino que sería el candidato a descubrir vida extraterrestre más cercano. Para esto probablemente haya que desarrollar alguna tecnología de las que aún no disponemos, ya sea de fusión, velas solares, o motores de antimateria (de hecho, lo de escalar la producción de antimateria en aceleradores de partículas va a pasar sí o sí durante el siglo, y dependiendo de cómo se nos de, la exploración espacial humana de otros sistemas solares de cara al siglo 22 será viable o no, dado que es el sistema más interesante para alcanzar velocidades cercanas al 80% de la luz). Pero volviendo con nuestras sondas, si la logramos hacer viajar al 10% de la velocidad de la luz con alguna de esas propuestas que hay, pues echadle 40 años de viaje y 4 años más hasta que nos llegue la info que devuelva. Luego está el problema de hacerla parar al otro extremo, por eso os digo que la propuesta de un motor de antimateria que vale para desacelerar a la bicha es más realista que las velas solares. Sería un milagro lograr lanzarla en 2060, pero es factible.

He mencionado antes el tema de desarrollar la fusión, que sí se espera que en las próximas décadas logremos aprovecharla (ITER). Aunque en los 60s se decía que con la fisión los problemas energéticos del mundo se resolverían en pocos años, y aquí seguimos en las mismas. Relacionada con la física está la computación cuántica, la cual estamos viendo sus primeros pasos ya, que podrá resolver problemas que antes nos (a las máquinas, mejor dicho) resultaban imposibles por tiempo. Quizás veamos la fusión entre la inteligencia artificial y la computación cuántica con mayores consecuencias, aunque la hibridación de la biología humana con dicha combinación de tecnologías parece estar mucho más lejana que los próximos cien años.


sábado, 29 de febrero de 2020

Aclaración sobre qué es la Física

Acostumbra a leer el autor en personas no instruidas en física, que el universo siguen unas leyes determinadas por esta rama del conocimiento, o que el funcionamiento del universo está escrito en el lenguaje de las matemáticas.

Ni parecido.

Debemos comprender que las matemáticas son una serie de construcciones lógicas a partir de unos axiomas que se presuponen verdad. Para empezar, no podemos presuponer ningun axioma inherente al universo porque no hemos nacido en el universo con una lista de dichos axiomas. Uno puede enunciar axiomas como la causalidad, el principio de no contradicción... etc, pero no se puede demostrar que dichos axiomas no se violen en la naturaleza, sobretodo cuando solo somos capaces de observar directamente una pequeña porción de ésta (espacial y temporalmente) y nuestro sentido común (que quizás sea el responsable del uso de estos axiomas, de forma justificada para su fin) está habituado a un ecosistema determinado. Si es posible que el universo no cumpla con los axiomas de las matemáticas, no se puede afirmar que el universo compute matemáticamente unas supuestas leyes.

Pero, ¿por qué surge esta idea de que el universo sigue unas determinadas leyes que se pueden comprender desde la física? Simplemente porque la física ha demostrado funcionar, y con funcionar me refiero a predecir mejor que cualquier otro intento humano. No es de extrañar que esto sea así, como ya se ha tratado en este blog con anterioridad (no es extraño que utilizando un modelo lógico de verdades en sí mismas bajo unos axiomas, sus predicciones también sean verdad), pero si uno indaga en la física verá que no es más que una carrera de modelos que funcionan unos mejor que otros. ¿Sigue el universo, por ejemplo computandola, la ley newtoniana de la gravedad? Hoy en día sabemos que no es así (pese a que en la época seguro que aquellos que comparten estas ideas comunes a los que me atrevo corregir dijeran que sí), dado que no es más que una aproximación. Hoy en día tenemos la relatividad general, que explica mejor (con mayor precisión y en un número mayor de casos) la gravedad. Pero, ¿es la relatividad general la ley fundamental que computa el universo para la gravedad? Nada nos induce a pensar que sea así, y más bien todo indica a que no deja de ser otro modelo más que colocamos encima de una realidad (de la que obtenemos observables, mediciones) y que predice mejor que el modelo anterior. Lo mismo ocurre con las leyes del electromagnetismo, que a su vez sabemos que no son absolutas y que el modelo cuántico es más preciso y exacto.

En conclusión, la física no son más que modelos colocados sobre una realidad, pero pretenden ser el modelo que la realidad sigue. Solo podríamos concluir que hemos llegado al modelo de la realidad última en el caso de obtener una teoría o leyes físicas que lo explicasen todo, con precisión absoluta, cosa que quizás ni siquiera sea posible alcanzar.


jueves, 20 de febrero de 2020

Sobre el problema de fondo del Coletivismo

Aquellas medidas colectivistas son generalizaciones aplicadas a un conjunto de individuos, ya sea porque se presupone la imposibilidad de tratar de forma individual a cada persona en relación a la medida (que a veces puede resultar razonable) o simplemente por el mero hecho de creer que la naturaleza de dicha medida encumbe a todos por igual. En contraposición, las medidas no colectivistas o meritocráticas, son aquellas que dependen de una característica individual en relación a la persona, diferenciando así la medida entre individuos.

Podríamos establecer una serie de derechos comunes a todas las personas por el hecho de ser humanos, de las que derivarían medidas colectivistas o humanistas bajo otra justificación a parte de las anteriormente descritas. Dichas medidas, de no ser comunes a todos, violarían dichos derechos comunes.

Pero para todas las demás medidas, la colectivización no resulta ser más que una forma de tratar a todos los individuos por igual, independientemente de sus acciones. Si las acciones que el individuo cometa no tienen un impacto directo en las medidas y leyes que recaen sobre él, el acto pierde sentido frente a la medida en sí, además de que presupone que quien construya las medidas sabe mejor que nadie qué es lo que le conviene no solo a cada uno, sino a todas personas. Sin un fomento de la meritocracia, sin esa presión ejercida hacia los individuos para sobresalir unos frente a otros, las medidas colectivistas fomentan la mediocridad, penalizando a quienes más merecen frente a medidas que discriminen por logros individuales.

En el colectivismo, la responsabilidad de los actos de un tercero recae también en uno mismo. Esto se puede ver, por ejemplo, en que si una persona conduce sin casco y tiene un accidente, somos nosotros los que pagamos su tratamiento médico (más caro que de haber llevado casco). Uno podría argumentar que debido a eso, llevar casco está prohibido, y que aquello que no está prohibido y puede servir para argumentar lo mismo, como es el tabaco o la obesidad, tienen impuestos especiales  que recaen en el individuo que fuma o come comida basura para paliar estos efectos en la sanidad pública. Pero aún así, existe un problema de fondo con el hecho de que nuestros propios actos recaen en consecuencias hacia terceros, dado que ello implica considerar que los seres humanos no somos al cien por cien responsables de nuestros propios actos, de lo que se deriva que el ser humano no es al cien por cien libre, que no tiene pleno libre albedrío (cuya consecuencia es la de tener plena responsabilidad de sus actos). Y negar el libre albedrío de los individuos es acercarlos a los animales, dado que éste (junto con el uso de la razón y la conciencia), son de las pocas cualidades que nos distinguen de ellos. Esto también es visible en el proteccionismo paternal que ejerce el estado sobre los individuos de una sociedad colectivista, en la que se parte de que es el estado quien sabe qué es lo que le conviene a sus individuos.

miércoles, 19 de febrero de 2020

Sobre la Lucha de la Resposabilidad en el Liberalismo

El progreso hacia una socidad liberal o socioliberal a partir de una socialdemocracia como las que predominan en Europa en este siglo, debe hacerse como si de una paulatina transformación se tratase. Uno de los principales indicadores del avance hacia una sociedad donde impere la libertad y la meritocracia será la cantidad de responsabilidad que recae sobre el individuo en relación a sus acciones.

El estado del bienestar en el que se basan las socialdemocracias tradicionales mama de las ideas socialistas, en las cuales se limitan las libertades individuales aludiendo a la protección de los individuos frente a tomar malas decisiones, aún cuando estas decisiones no dañan la libertad de terceros. La cuestión de fondo que plantean estas políticas es si los individuos son capaces de aprender a tomar buenas decisiones si se les está obligando a ello, dado que el ser humano principalmente aprende de sus errores, o al menos se preocupa más por sus decisiones cuando sabe que puede llegar equivocarse, cosa que no ocurre cuando las decisiones incorrectas están prohibidas. 

En el fondo, al estado que pretenda decidir por los demás en vez de dejar que los individuos libremente tomen decisiones siempre y cuando no limiten las libertades de terceros, le da igual la responsabilidad y madurez de la sociedad civil. Esto cobra sentido cuando aquellos que defienden el estado de bienestar tienen como objetivo eliminar el sufrimiento de todos y cada uno de los miembros de la sociedad civil. No es de extrañar que a esta generalización sobre todos los individuos se la pueda tachar de colectivismo, al cual el liberalismo se opone estrictamente, dado que aquellos que defienden la libertad tienen como objetivo uno bien distinto, que es el de dejar sufrir a aquellos que merezcan sufrir debido a sus decisiones tomadas libre y voluntariamente, y premiar a aquellos que tomen buenas decisiones, la base de la meritocracia.

Querer suprimir el sufrimiento unilateralmente no solo es antinatural, puesto que es un mecanismo de aprendizaje innato al ser humano, hasta el punto de que podamos observar en la sociedad moderna que individuos que en teoría se hallan en el súmun de dicho estado del bienestar y que no tienen razones para sufrir, se inventan sus propios conflictos y problemas como si de una necesidad vital se tratase, sino que también supone lastrar el avance del individuo, tanto eximiendole de responsabilidad ante sus actos como lastrando el aprendizaje.  La vida, es irremediablemente consustancial al sufrimiento, como siempre ha estado presente este en ella, tanto en la muerte, como en las mutaciones perjudiciales de la evolución. El objetivo de la sociedad debe ser el de organizar ese sufrimiento así como ha sido organizado en la naturaleza, siempre bajo unas normas básicas de modo que no derive en el orden primitivo de la selva. ¿Quién aprendería si no hubiese cabida a equivocarse? ¿Acaso no merece la pena abrir la posibilidad a que se de cierto sufrimiento en la sociedad civil si esta implica una sustancial mejora de la madurez de los individuos?

jueves, 30 de enero de 2020

Sobre la Vida

Para intentar dar respuesta al sentido de la vida nos apoyaremos en la teoría más aceptada acerca su origen, aunque los futuros razonamientos son igualmente válidos para teorías como la panspermia, ya que esta únicamente desplaza el problema a un lugar fuera de la tierra. Si ciertas moléculas orgánicas (que pueden ser encontradas en lugares donde no hay vida), gracias a las reacciones químicas que se llevan a cabo con su entorno, son capaces de autorreplicarse, podemos encontrar un sistema autorreplicante en la naturaleza no viva. La autoorganización y autorreplicación son los procesos principales que caracterizan a los seres vivos, y muchos tipos de moléculas abióticas exhiben tales características en las condiciones adecuadas.

Este sistema autorreplicante es tal que, si no es detenido, se multiplica mecánicamente y en cadena.La generación espontánea de una célula o siquiera de una molécula de ADN o RNA es prácticamente imposible desde un punto de vista matemático, de modo que la “generación espontánea” solo se explica con la progresión de sistemas más simples a sistemas más complejos.

Para simplificar este análisis tan solo hace falta imaginar un sistema caótico con reacciones entre unidades en un largo periodo de tiempo. En un momento dado, estas reacciones y agrupaciones de unidades darán lugar a una serie reacciones iterativas, iguales y continuas a las que denominaremos sistema de autorreplicación, que si no se detiene seguirán replicándose. Podemos entender esta explicación desde el ejemplo reduccionista de un juego matemático llamado Conway’s Game of Life. (en el juego Conway’s Game of Life se puede simplificar un sistema caótico interrelacionado mediante reacciones, y se pueden crear fácilmente estos sistemas). 



Podemos pensar en las características de la vida desde el estudio de sistemas de autoreplicación artificiales:

Si dentro de un sistema caótico como es el de la materia en el universo, se da por azar un sistema simple de autorreplicación, continuará hasta que algo logre detenerlo. Este es el principio y simplificación de la reproducción.

Los sistemas cambian (mutan) y se crean nuevos al estar reaccionando continuamente con el entorno. Los sistemas que de esta manera no logren autorreplicarse, no perdurarán. Este es el principio y simplificación del funcionamiento de la evolución biológica.

Los únicos sistemas que perdurarán son los que estén diseñados para perdurar en las condiciones en las que se encuentren. Este es el principio y simplificación de la supervivencia.

Los sistemas que perduren y logren transimtir las características por las cuales lograron perdurar, perdurarán. Este es el principio y simplificación de la herencia genética.

Tiempo: Gravedad y Entropía (metafísica)

Edgar Allan Poe clarificó la propiedad unificadora de la gravedad ya en el siglo 19 con su ensayo metafísico Eureka. El él, el autor describía que la gravedad tendía a unificar la materia en un punto singular, llevándola a un estado ordenado. Posteriormente, la relatividad general de Einstein relacionó la gravedad con las dimensiones espaciales y la dimensión temporal, de la que se puede simplificar el hecho de que en presencia de efectos gravitatorios, el tiempo fluye más lento.

Por otra parte, la entropía se ha entendido siempre, de la mano de la segunda ley de la termodinámica, como una tendencia natural hacia el desorden de la materia. Curiosamente la segunda ley de la termodinámica siempre ha estado relacionada con el tiempo, debido a ser ésta la única ley que marca el sentido del tiempo.

Cuando uno se formula la pregunta de qué es el tiempo, es indudable llegar a una pregunta similar que debería aclarar tal cuestión universal de la metafísica, que es: ¿qué es el tiempo revertido, o tiempo negativo? El sentido común nos dice que es como si "rebobinásemos" cualquier suceso al que estámos habituados. ¿Pero se corresponde tal afirmación con lo que nos dice la física y su particular manera de tratar el tiempo?

Si le preguntamos a la relatividad general, un suceso como el de un objeto que cae desde un edificio por la gravedad rebobinado es un objeto que adquiere altura hasta llegar al edificio. Podríamos pensar entonces que la gravedad es repulsiva cuando consideramos tiempos negativos. Pero si pensamos en un objeto que sigue una trayectoria recta pero acaba siendo ligeramente desviado gravitacionalmente al pasar cerca de otro objeto, la rebobinación de ese suceso nos invita a pensar que la gravedad sigue siendo atractiva aun con tiempo negativo.

En estos casos no queda otra que dejarnos de experimentos mentales y acudir directamente a la formulación matemática de la teoría para aclararnos. Si que es verdad que la relatividad general predice que las masas negativas actúan de forma antigravitacional pero, ¿cómo obtener esas masas negativas que jamás hemos observado? Curiosamente la repuesta está en el tiempo, ya que en física relativista de partículas, la energía de una partícula está ligada al tiempo (véase la interpretación de Feynman Stueckelberg) y bajo determinadas condiciones de definición a priori de qué es el tiempo (como suponer el operador tiempo unitario), dichas energías negativas van asociadas a una masa negativa.

Pero, ¿revierte el tiempo negativo de la física relativista de partículas la flecha termodinámica del tiempo? Si así lo suponemos, concluimos que bajo un tiempo negativo, la gravedad pasa a tender hacia el desorden de la materia, y la entropía pasa a unificar la materia en un estado ordenado. Es decir, ambos fenómenos (gravedad y entropía) se intercambian los papeles a la hora de revertir el tiempo.

¿Puede abrir esta reflexión metafísica un nuevo camino hacia la concepción cuántica de la gravedad en relación a la entropía y el tiempo?

domingo, 19 de enero de 2020

Del uso único de la Razón y su Tautología

En entradas anteriores he descrito el uso de la razón per sé (metafísica) como un razonamiento del que emanan las distintas posibilidades, pero que únicamente mediante él, no se puede llegar a un conocimiento certero.

Pongamos un ejemplo sencillo. Observamos un fenómeno del universo observable: un niño sale feliz del colegio. Por el uso de la razón, podemos pensar en dos alternativas distintas.

1. Que el niño sale feliz del colegio porque en el colegio es feliz y disfruta de él.

2. Que el niño sale feliz del colegio porque en el colegio no se siente feliz y la felicidad que observamos se debe a que está saliendo del colegio.

Como podemos ver, ambas posibilidades a las que la razón nos invita a pensar (eso es, son razonamientos lógicos) son igual de válidos y correctos, pero aun así, la razón no nos logra decir cuál de estas alternativas es la correcta, cuál de ellas se corresponde a la relidad. Para lograrlo, deberemos observar al niño en el colegio y ver si es feliz o no en él, y a partir de ahí, podremos desechar una de las alternativas propuestas por la razón.

En resumen, sin observables, la razón no nos dice qué es correcto y qué no, qué se corresponde con la realidad y qué no, y simplemente nos ayuda a proponer en alternativas igualmente válidas hasta que otro observable sustente una de ellas y descarte la otra.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Del Libre Albedrío como Autoengaño

Casi todas las leyes físicas que conocemos son deterministas, de modo que sugieren que el universo observable es determinista y predecible. Una excepción podría ser la indeterminación cuántica, que rompe con la predictibilidad y la causalidad (siempre y cuando el realismo y la localidad se conserven, según los teoremas relativos a las variables ocultas). Pero ni esta indeterminación cuántica explica el fenómeno del libre albedrío (como mucho, considerando fenómenos cuánticos que tuviesen lugar en nuestro cerebro, seríamos seres guiados por "azar"). El libre albedrío deriva en la elección, que parece ser un fenónemo para el cual, nadie, aún con toda la información que pudiese tener del fenómeno antes de producirse, pudiese predecir con total seguridad.

¿Cómo se explica entonces la percepción que tenemos de tener libre albedrío y poder decidir libremente sobre las acciones que tomamos? Partiendo de la opción de que dicha percepción es un engaño de la mente (como otros tanto engaños sensoriales que existen, como por ejemplo el de deducir que la tierra es plana porque parece plana), podríamos explicar el autoengaño del libre albedrío mediante un símil con el déficit mental de la anosognosia.

La anosognosia consiste en no tener consciencia del mal notorio que se padece, en el cual siguiendo con el símil propuesto, el mal sería esa percepción errónea de tener libre albderío. Los pacientes con anosognosia no relacionan la información que tienen a mano y que les envía su propio cerebro, creando una desconexión. De este modo, la información que experimentan está desconectada de la consciencia de dicha información. Por ejemplo, a un paciente con un miembro paralizado (hemiplejia), se le pediría mover dicho miembro, a lo que dicho paciente afirmaría diciendo "de acuerdo, lo moveré", pero tras no moverlo y preguntársele por qué no lo ha movido, el paciente en vez de decir que no ha podido moverlo, elaborará una excusa, como por ejemplo "no me apeteció moverlo".

De esta manera, nuestro cerebro podría estar configurado "por defecto" con dicha condición, de modo que nunca podríamos darnos cuenta de que no somos dueños de nuestros propios actos y decisiones, y de este modo nos sería imposible experimentar conscientemente nuestra nula libertad para elegir o pensar.

Otro ejemplo puede ser el hecho de sufrir un espasmo mientras dormimos que nos hace despertar. Dicho espasmo es involuntario, pero es el cerebro el que a posteriori construye una explicación (como que estábamos soñando que nos tropezábamos). Quizás en cada decisión se esconda un mecanismo similar en el que la decisión es determinista o azarosa, pero el cerebro humano siempre construya a posteriori un razonamiento lógico con el que autoengañarnos.

¿Qué nos depararía esta opción? Pues aunque se nos dijese que tenemos esa anosognosia aplicada a nuetra percepción del libre albedrío, seguiríamos sin poder comprender ni rectificar nuestro modo de pensar y nuestras decisiones. Al igual que el paciente, seguiríamos inventando excusas de forma inconsciente, incapaces de entender y asimilar nuestra falta de libertad. Quizás necesitemos asimilar que, pese a que nuestras decisiones no vengan de nosotros mismos, seguimos siendo un sujeto consciente que puede llegar a comprender tanto el mundo observable como sus propias acciones.

De este modo, pasaríamos a vivir nuestra vida como si de una película en primera persona se tratase (al igual que en Cómo ser John Malkovich. Pero ojo, sería una película en la que pese a ver y sentir lo mismo que antes, no podríamos elegir ni siquiera donde mirar ni qué pensar sobre lo observado, de modo que nunca habría una contradicción entre lo que el sujeto de la película hace y lo que pensamos (de lo contrario habríamos creado un libre albedrío!).

domingo, 1 de diciembre de 2019

Del Principio Antrópico como Primera Suposición

Es normal que en la física, cuantas más suposiciones hagamos a la hora de idear un modelo que describa la realidad, más simple será dicho modelo pero menos exactos serán sus resultados al comprarse con observaciones.

Es obvio preguntarse aquí si se puede llegar a no asumir nada a la hora de construir un modelo físico. En otros ámbitos como pueden ser las matemáticas, este pilar sobre el cual se fundamenta esta rama de la ciencia es el principio de no contradicción. Pero éste es un principio racional, que es cierto sin siquiera tener que comprobarlo. Por ello, difiere del principio elemental que debería fundamentar la física, dado que la física trata de explicar las observaciones, no construir un modelo fuera de ellas como son las matemáticas.

Por tanto, debemos hallar aquella suposición de la que estamos más seguros, y construir a partir de ella nuestra "teoría del todo". Sabemos de filosofía que la última cosa de la que podemos dudar, es de nuestra propia existencia, según Descartes. Por ello, esa suposición debe ser el principio antrópico, dado que es el único cuya existencia del observador se incluye en el principio. ¿Se podrá incluir al observador como principal componente en las ecuaciones de la mecánica cuántica? 

Del Observable, Deducible y el no-Observable no-Deducible

Yo puedo observar una pelota de fútbol con mis sentidos. Para mi, esa pelota existe (dejando de lado la duda cartesiana).

Por el contrario, no puedo observar un átomo con mis sentidos. Necesito hacer uno o de un microscopio atómico, es decir, un equipo especial de medida. Aún así, podemos decir que existen ciertas partículas que ni siquiera podemos observar ni fotografiar, ni sin equipos de medida, ni con ellos. Estas se denominan partículas virtuales, y las descubrimos gracias a que son necesarias para explicar nuestro modelo que entiende el mundo cuántico (dejando de lado que dichas particulas puede que no sean particulas en sí, sino una manera de explicar un determinado funcionamiento de la teoría cuántica que produce unos determinados efectos). Por decirlo de otra manera, son deducibles de la teoría, ya que tienen un efecto en la realidad que sí es observable.

Pero y qué pasaría si hipotetizamos acerca de un no-observable no-deducible? Eso querría decir que ese hipotético objeto no solo nunca podría ser visto ni con nuestros sentidos ni con equipos de medida, sino que ni siquiera podrían ser deducidos de una teoría, ya que no causarían ningun efecto observable. Por la imposibilidad de si quiera determinar que dichos "no-no" existen, debemos rechazar su existencia, aunque esta no pueda ser negada de forma rotunda. En otras palabras, para la ciencia los objetos no-no, no son de ningún tipo de interés, aunque puede que existan.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Sobre el Diseño Inteligente y Dios

Muchas personas justifican la existencia de "algo", ya sea Dios o similares, en base a la maravillosidad del universo, o de alguna parte de él. Porque el universo nos parece sorprendente, detallista, y sobretodo, la palabra mágica: complejo.

Pero pongámonos en el supuesto de que pudiésemos observar otro universo, uno mucho más complejo, mucho mas sorprendente y mucho más excepcional. ¿No nos parecería entonces que nuestro universo es simple, monótono y para nada único o especial? Los términos que surgen de la justificación de un diseñador inteligente (en especial el atributo de "complejo"), son relativos, no son absolutos. El problema es que no tenemos otro universo con el cuál comparar el nuestro, y por tanto, el nuestro siempre nos parecerá complejo, único, sorprendente y maravilloso. Simplemente porque no conocemos nada más complejo que nuestro universo. Pero ello no quiere decir que lo sea.

Este problema surge al referirnos al universo, a "todo", en donde atributos que sólo proporcionan información y tienen significado cuando se usan para comparar, y por tanto no se pueden aplicar al universo, ni justificar con ellos un diseñador inteligente o la existencia de un ser superior.

viernes, 8 de noviembre de 2019

La Gestión del Deseo

Una de las bases del budismo es la de considerar que el deseo es la principal fuente de infelicidad e insatisfacción en el hombre. Esta filosofía pretende así, acabar con el deseo para poder vivir en un estado de plena felicidad. En esta entrada el autor discutirá poniéndose de ejemplo, cómo gestionar el deseo para que sea fuente de felicidad y no fuente de infelicidad.

El deseo se puede entender también como motivación, como ambición. Cuando deseamos algo, estamos motivados por algo, o tenemos mucha ambición ante algo, es natural pensar que si no logramos alcanzar o conseguir ese algo, ello nos producirá una insatisfacción. En consecuencia, omitiremos explicar aquí los casos de "victoria", puesto el autor considera que no hay duda en que en ellos se de la infelicidad.

Pero, ¿y en los casos en los que se da el "fracaso"? El autor opina que dicho fracaso no tiene por qué estar acompañado de insatisfacción o infelicidad. La felicidad se debe esperar principalmente en el proceso previo al resultado. Es decir, ser felices mientras seguimos trabajando por poder alcanzar el fin. Y más allá, que el hecho de intentarlo sea la fuente de felicidad. Esto no debería ser complicado, puesto que el deseo y la ambición mueven al hombre, le llevar a dar lo mejor de sí mismo, a mejorar, y ello siempre lleva a un mayor grado de satisfacción.

Pongamos un ejemplo. Un budista desea con todas sus ganas ser astronauta y pisar la luna. Pero odia estudiar aeroespacial, odia luchar por las oposiciones a astronauta, y vayamos más allá, ¡odia volar en una nave espacial! Claro que el budista preferirá no desear ser astronauta, quizás incluso sería apropiado decir que en verdad no lo desea, puesto que no le hace feliz el proceso sino únicamente el resultado. El autor vería incluso más sencillo "encontrarle el gusto" al proceso antes que pretender suprimir un deseo. Está claro el ejemplo opuesto al budista (que puede disfrutar de la misma forma del resultado, pero se diferencian en que disfruta del proceso).

Y por finalizar con la entrada, incluso al haber "fracasado", uno debería hallar la felicidad en el hecho de que hizo cuanto estuvo en su mano para intentar lograrlo. Quizás el no saber apreciar ese tipo especial de satisfacción, el prefirar la no-acción a la acción, el no saber gestionar lo que a uno le gusta, o el no saber elegir el deseo, sean los factores clave para entender la posición budista ante este.

viernes, 1 de noviembre de 2019

Críticas al Objetivismo de Ayn Rand

Pese a que este blog se ha desviado en parte hacia el desarrollo de ciertas ideas relativas al objetivismo, el autor expone aquí su crítica hacia esta filosofía:

1. El rechazo hacia cualquier sentimiento o pasión. El objetivismo parte de una realidad existente e independiente del individuo, a la que hay que "obedecer" primero para "someterla" en segundo lugar. Para el autor, la naturaleza humana, y en especial su lado sentimental, pasional e instintivo, no es mas que esa realidad natural e independiente. De este modo, uno debe aceptar que el ser humano es movido en parte por los sentimientos, pasiones e instintos. A partir de este punto, la filosofía de Ayn Rand rechaza por completo cualquier acción, motivación o valor que provenga de estos sentimientos, emociones, pasiones o instintos. Por el contrario, el autor de este blog piensa que, mediante la razón, se deben de rechazar los sentimientos, emociones, pasiones e instintos que, previo uso de la razón para construir las acciones, motivaciones, valores y objetivos, vayan encontra de estos. Entonces, un individuo podrá siempre sustentarse en los sentimientos, emociones, pasiones o instintos, siempre y cuando estén enfocados al objetivo marcado en primer lugar por la razón. Obviamente esta alternativa requiere de una gran y trabajada inteligencia emocional para discernir entre cúando un sentimiento, emocion, pasion o instinto está dificultando los objetivos impuestos por la razón, y cuando de alguna forma ayudan la razón a alcanzarlos.

2. La justificación del radicalismo. Normalmente la naturaleza no es blanca o negra, sino que es más bien una escala de grises, y somos nosotros los que, para entenderla, creamos categorías y la encasillamos. Siguiendo con la premisa del objetivismo de hay una realidad independiente del individuo, el mayor grado de verdad acerca del conocimiento de esta naturaleza, suele ser un punto intermedio. Ayn Rand defendía que, mientras las bases de tus ideas sean sólidas, tenías vía libre para llevar sus consecuencias al extremo y ser radical. Pero de esta forma nos arriesgamos a errar catastróficamente si una de las premisas es incorrecta (como que la realidad sea independiente al individuo), y por tanto, la manera de acertar en mayor medida suele ser la del término medio, dudando de las premisas (revisando las suposiciones que hemos hecho), que se traduce en la moderación y no en el radicalismo. El autor sospecha que Ayn Rand necesitó utilizar una visión radical de sus ideas para calar en la sociedad americana, tan distinta a las ideas de Rand.

3. La crítica hacia la física moderna como la relatividad o la mecánica cuántica, por el hecho de poner en evidencia los fundamentos metafísicos de la filosofía de Rand, cuando la física no son más que modelos que encajan de la mejor manera posible conocida con la realidad, pero no pretenden explicar la realidad en sí. Por esto y por el hecho de que los modelos de la física moderna coinciden con las observaciones, no se puede rechazar dicho conocimiento. De esta manera, la filosofía de Rand y sus principios pueden seguir atendiendo las preguntas metafísicas a las que la física moderna no alcanza, sin que ambas ramas se contradigan.

4. Suposiciones metafísicas. El objetivismo axiomatiza que

  • 1. La realidad tiene una existencia independiente
  • 2. La consciencia existe
  • 3. Cada existente identificado tiene unas ciertas características y actúa de forma específica, es decir, tiene una identidad concreta
Pero, ¿se puede demostrar el punto 1. y 3.? 

viernes, 4 de octubre de 2019

Del capitalismo como organizador de egoismos racionales

La filosofía objetivista (y también la libertaria) desemboca desde su ética a una ideología política determinada. Partiendo de ella, podemos entender que la organización social debe tener como función la organización de los egoismos racionales individuales de modo que se complementen y en la cual todos los individuos salgan ganando a partir de sus acuerdos voluntarios. 

Un claro ejemplo de esta organización de egoismos la podemos ver en la explicación más sencilla de la economía. Esta consta de un granjero que planta patatas y un individuo que tiene hambre. El granjero necesita dinero para invertir en su negocio patatero y el individuo necesita adquirir patatas para comer y saciar su hambres. Ambos así, decieden voluntariamente comerciar dinero por patatas y al revés, pactando un precio justo para ambos. De esta manera, ambos salen ganando y queriendo aquello que desean, una transacción sin victimas y sin la violación de ningún derecho o libertad individual.

Además, es sencillo ver en este ejemplo que no hay altruismo por ninguna de las partes. Es decir, ninguna de las partes se ha sacrificado por la otra, incluso ni siquiera ha actuado "por el bien del contrario y en función de sus intereses", sino que han actuado egoistamente, pero dentro de un sistema (comercio económico) el cual ha organizado sus deseos e intereses adecuadamente.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Autoengaños

Desde hace tiempo me gustaría enumerar aquí las diversas formas de vivir en las que obvio u omito cierto pensamiento racional para sobrellevar una vida ininterrumpida (excepto cuando se me pregunta explícitamente acerca de ellas o yo mismo me pongo a reflexionar sobre ellas). Podrían ser así consideradas una serie de premisas o suposiciones de la vida diaria.

1. Dios. No cabe duda de que la verdad posición racional ante la existencia de dios es el agnosticismo, y no en el sentido de que no creo que la existencia de dios no pueda ser probada, sino en la acepcion del término relacionado con no posicionarse, eso es, no saber si dios existe o no. De no tomar esta premisa, me tendría que cuestionar en cada momento cuál sería la acción más indicada en el caso de la existencia de dios, y de la misma forma, en el caso de la no existencia de dios. Por tanto, tomo una posición, que si bien no es segura, me ayuda a vivir más fluidamente, como es adoptar la postura de que dios no existe.

2. Libre albedrío. Muchos se habrán dado cuenta de que el objetivismo (o directamente el liberalismo) es incompatible con la negación del libre albedrío del individuo, puesto que se construye a partir de suposición de que el individuo goza de dicha virtud y puede decidir y actuar libremente. Por el contrario, la razón nos impulsa a pensar que el libre albedrío no existe, puesto que no conocemos ningún mecanismo físico que lo explique. Por esta razón, tomo como premisa la existencia del libre albedrío para defender una posición filosófica/política pese a no estar seguro al cien por cien de su veracidad. Esta puede ser una de las mayores objeciones que el autor puede hacer al objetivismo (en referencia a la virtud del radicalismo), dado que en palabras de Ayn Rand, uno debe ser radical en sus ideas siempre y cuando esté seguro de las bases sobre las que construye su pensamiento.

3. Realismo. Es necesario asumir que existe una realidad objetiva al individuo (y común a todos los demás) para desenvolverse en la vida. Si bien uno siempre puede cuestionarlo, y la razón nos obligaría a concluir que no tenemos pruebas suficientes para asegurar (al menos hasta el punto en que podamos despreciar con rotundidad la mínima duda) que dicha realidad existe. De la misma forma, la duda nos impide tomar una posición absoluta y radical, dado que el racionalismo (del que partimos en la filosofía objetivista) nos obliga a posicionarnos de forma neutral. Pero debido a la imposibilidad de dudar en cada instante diario de dicha realidad, ejerzo un autoengaño consciente de la suposición de que dicha realidad sí existe.

4. La perfección platónica. Como guía de vida, uno debe seguir la idea de la perfección. Esta idea de un mundo platónico donde las cosas son perfectas tal y como deberían ser, es necesaria para llevar una vida que nos permita acercarnos lo más posible a ello. Pero, ¿ese mundo existe? ¿Podemos concebir realmente cómo es? ¿Podemos alcanzarlo? En necesario contestar sí, que existe al menos en nuestra imaginación (de lo contrario no habría modelo a seguir ni guía posible), y que es alcanzable para poder aproximarnos lo más cerca que podamos a él.

martes, 1 de octubre de 2019

Del niño de Nietzsche al Adolescente

Podemos pensar acerca del siguiente paso en la progesión de Nietzsche de la forma siguiente: Camello-León-Niño-Adolescente

Sabemos que el niño se puede describir como el individuo que carece de valores, al que se le presenta el mundo de forma repentina y tiene dentro de sí un don innato para la creación de los mismos. El niño disfruta creando sus propios valores, experimentando, como si de un juego se tratase. Es sin duda libre de hacerlo.

Pero dicho juego debe tener un fin más allá del jugar. Eso es, definir sus propios valores y enfrentarse al mundo junto a ellos. Esto está claramente representado por la última etapa del adolescente, donde deja de buscar su identidad para enfrentar la vida. Los adolescentes se caracterizan por un puro vitalismo, creyéndose invencibles y pecando de saber más que nadie acerca de la vida, aunque en verdad no sea así, pero es a llegar a ese estado al que aspira (que si dicho adolescente usa la razón, perseguirá el ser quien se siente ser, eso es, una persona con gran conocimiento sobre la vida). Es el momento de plasmar su idea de quién es, definida mediante los valores creados por sí mismo en la fase del niño. El adolescente ve el mundo como un ente en potencia de ser modelable a su gusto, se cree inmortal, con el mundo a sus pies, y capaz de todo.

Esta posición es contraria a cómo se presentan a sí mismas ciertfas personas, cayendo profundamente en el victismo de modo que se repiten a sí mismos sus errores y defectos, de algún modo aceptándolos así en vez de corregir y mejorar dichas cualidades, cosa que siempre estará en su mano hacer. Pretenden así presentarse como personas humildes y se consideran no merecedoras de lo mejor, puesto que de considerarse así, mostrarían a los demás su mejor lado como personas (lado que siempre existe), sin necesidad de caer tampoco en la mentira o la ocultación de sus defectos. Sin mostrar lo mejor de sí mismas, esas personas dejan de trabajar el mejor lado de sí mismas. Sumado al hábito de la dañina humildad de considerarse no merecedoras de lo mejor, dejan de buscar la virtud para llegar a un estado en el que se sientan "comprendidos" y acompañados en el sentimiento por los demás que "consuelan" dicha actitud.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Individualismo en la Especie Humana

Mucho se ha hablado acerca de si la naturaleza es individualista o colectivista, si es egoista o altruista.

Tenemos ejemplos de animales en ambos opuestos, desde animales violando a la fuerza y causando sufrimiento en el proceso a otros, siguiendo con animales como el gato al ratón, en el que uno tortura a otro antes o incluso sin comerselo, hasta ejemplos contrarios en el que animales salvan la vida de otros sin razón aparente, o padres poniendo su vida en peligro por salvar a sus crías.

Concluimos así que la naturaleza no es ni un extremo ni otro, sino que es lo que ha debido ser en cada momento para que se sustente la vida, es decir, para la superviviencia, ya sea de individuos o de especies. Esto es claro interpretando que la evolución es un sistema de optimización existencial, en el que los animales que existen hoy están aquí gracias y solo gracias a que sus antepasados lograron existir también, y poder reproducirse. 

Pero centrándonos en el ser humano, sabemos que nuestra biología ha cambiado relativamente poco en los últimos diez mil años. Por tanto, si queremos conocer nuestra "natura" y lo innato en nosotros, debemos remontarnos a aquella larga época en la que nuestra especie se adaptó biológicamente por decenas de miles de años a un modo de vida constante e invariable. Ese modo de vida prehistorico es el de la tribu, conformada por pocas decenas de individuos, que serían hoy nuestra familia, pareja, o como máximo nuestros amigos más íntimos. 

De esto se deduce que biológicamente estamos preparados únicamente a actuar (y solo en determinadas ocasiones), colectivamente ante un pequeñísimo número de individuos, en contraposición a la realidad actual en la que vivimos en una sociedad en la que en nuestro círculo vital estamos rodeados de muchas más personas. Y no digamos ya globalmente. De ello se deduce que debería haber un tendencia innata al individualismo en dichas sociedades que superen el número del que las tribus prehistóricas eran constituidas.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Vitalismo contra Nihilismo Negativo

En anteriores entradas el autor ha desbozado la razón por la cuál él cree que se ha de responder sí a la vida, pese incluso a nacer con una discapacidad. En esta entrada, en la que hablábamos de si merecía la pena nacer, incluso pese a nacer con dificultades, no se habló en ningun momento de la muerte, y ella es la razón a la que muchos nihilistas pertenecientes al nihilismo negativo aluden a la hora de justificar una vida gris, sin acción, y que conduce a un estado de depresión. En definitiva, un pesimismo ante la vida que intentaré encaucar por otro camino.

Y es que como propugna el existencialismo, debemos fijarnos en la muerte para entender la vida, en que se nos ha dado un tiempo finito y que tras él, nada quedará y por tanto, nada importa en la vida. Enfocándolo de otro modo, podemos pensar que dios (o la naturaleza, sea quien sea), nos ha dado estas condiciones de vida, impulsándonos racionalmente a la conclusión que llegan los nihilistas. Pero la vida no debe ser tomada así, tal cual se nos ha dado. El ser humano tiene libre albedrío y pese a enfrentar la realidad que enfrente, siempre puede escoger el camino que desee. ¿Por qué no actuar al contrario, y decir sí a la vida? Decir no a dios (o la naturaleza que nos ha dado una vida corta y sin sentido), y rebelarnos, decirle a dios "tú, todopoderoso que me podías dar la vida que quisieses, me has dado la vida finita, vas a ver lo que logro hacer con ella".  Ese carácter de disconformidad con la naturaleza que tanto odiamos tanto los nihilistas negativos a los que les provoca su pesimismo e idea deprimente de la vida, y los que no compartimos las posturas nihilistas, puede ser demostrado de una forma distinta a la sumisión a las circunstancias que los nihilistas adquieren. Y cito un párrafo de la entrada que ha inspirado esta que el autor se halla escribiendo:

Y es justamente ese modo de pensar, de saber que se puede, querer hacerlo e intentar llevar a cabo algo importante el que nos puede alejar a responder "sí, quiero nacer y existir de todos modos" a la pregunta, la razón por la que diríamos sí a nacer, sí a vivir, y sí a al menos intentar sobresalir, triunfar, y sobretodo, superar la decisión de cesar nuestra existencia. El mundo es  para los que saben hacer de él un lugar mejor.

Problema de Molyneux

Resumiré brevemente el problema de Molyneux para intentar dar una respuesta personal a la cuestión. De conocer el famoso problema, el lector puede pasar al siguiente párrafo.

El problema de Molyneux es una especulación acerca de si un ciego de nacimiento que adquiere repentinamente la vista en la edad adulta es capaz de distinguir entre un cubo y una esfera, mediante la vista, cuando previamente sabía reconocer y nombrar ambos objetos gracias únicamente al tacto. La pregunta consiste en si la persona lograría reconocer con la vista lo que ya sabía reconocer con sus manos. Si el conocimiento del espacio tiene carácter empírico o es a priori. Jonh Locke, junto con la opinión de Molyneux, razonó la imposibilidad de paciente para reconocer visualmente dichas formas geométricas, y Leibniz las rechazó.

Antes de ponerme a analizar en profundidad el caso práctico del problema, hay que señalar que las pruebas empíricas (eso es, los estudios con personas reales cuya ceguera se curó con cirugía y fueron sometidos al experimento descrito) apoyan la teoría empirista de Locke y Molyneux, y muestran, en su mayoría, que los pacientes no fueron capaces de hacer la conexión entre lo que veían y lo que previamente habían palpado, pudiendo "aprender" esta habilidad a los pocos días.

Dada la cercanía del autor de este blog a la física y su respeto profundo por sus principios, debe admitir la total sumisión ante las pruebas empíricas, puesto que de nada sirve conjeturar sobre una idea cuya realidad no se nos manifieste en los experimentos. Dicho esto, el próximo párrafo puede entenderse como una búsqueda paso a paso del fallo en el razonamiento que nos llevará a concluir que el paciente debe poder reconocer y distinguir ambos objetos.

Sin más preámbulos, podemos comenzar con el estudio que hace el paciente del cubo y la esfera cuando aún sigue ciego. El ciego, con sus manos, es capaz de distinguir ambos objetos (este punto está claro en el mismo enunciado del problema). Si le pidiesemos al ciego describir las diferencias entre ambos objetos, podría, mediante la razón, contar diferencias. Por ejemplo, podría decirnos (sin conocer qué es una esquina, porque nunca ha visto una), que en el cubo hay ocho puntos especiales, y en la esfera ninguno. Así, podría asociar un número, ocho, al cubo. Adicionalmente podría repasar con su dedo el número de aristas del cubo, y asignarle otro número al cubo.

Ahora consideremos al paciente ya operado y con la vista recién recuperada, con ambos objetos delante suyos, sin ordenar y sin poder tocarlos. Lo primero que debemos preguntarle es si encuentra diferencias entre ambos objetos.

De ser la respuesta afirmativa (cosa que el autor duda fuertemente), el paciente realmente estaría percibiendo dos objetos idénticos. De alguna forma, los distintos patrones de luz que le llegan a sus ojos de cada objeto deberían transmitirse en diferentes impulsos eléctricos y una vez llegados al cerebro, deberían ser malinterpretados como iguales. De ser esto cierto, para el paciente no habría diferencia entre ver el cubo y ver la esfera, pero tampoco y por la misma lógica, de ver al doctor que lleva a cabo el experimento, de modo que se concluye que el paciente vería absolutamente todo igual, es decir, no vería nada.

Si bien la respuesta es negativa y el paciente encuentra diferencias entre ambos objetos a simple vista, debería preguntársele qué diferencias ve. Y de forma precisa, si puede contar diferencias, por ejemplo, puntos característicos y diferenciables de una cara o una arista, como son las esquinas del cuadrado. Solo tendría entonces que contar esas diferencias y relacionarlas con el número de diferencias táctiles que encontró cuando carecía de la visión para distinguir cuál es el cubo, y de esa forma, cuál es la esfera.

Debemos entonces encontrar donde falla este argumento lógico en los experimentos llevados a cabo y la realidad, la cual nos muestra una conclusión muy distinta.

martes, 13 de agosto de 2019

¿Heroicidad o Acto Inmoral?

Para el objetivismo, el sacrificio de uno mismo o el altruismo, es inmoral. Explicaré brevemente por qué.

En el altruismo, no hay ningún motivo racional para poner las necesidades de los demás por delante de las necesidades racionales de uno mismo. El individuo vive para los demás y no para sí mismo. Esto, en palabras de Ayn Rand, es un atentado contra la autoestima, claramente diferenciado de la generosidad, la amabilidad o la compasión que una persona puede sentir hacia otra, dado que de estas virtudes no impiden dejar de quererse a uno mismo.

Un hombre que sacrifica su vida por salvar a su mujer y a sus hijos no está en verdad sacrificándose, ya que su vida sin esas personas carecería de valor, de modo que lo que está haciendo es un simple transacción o intercambio racional, basándose en algo que dicho hombre conoce y sabe que valora. 

Por el contrario, un hombre que sacrifica su vida por salvar a varios desconocidos estaría comentiendo un acto gravemente inmoral pues la vida de las personas que no conoce no valen nada para él. Normalmente, a este segundo hombre se le calificaría como héroe por sacrificar su vida, pero en verdad, está anteponiendo la vida de los demás a la suya, dejando ver que la vida de los demás vale más que la de él, menospreciando su propia vida. El hecho de considerar su vida como de menor valor que cualquier otra es un vicio según Ayn Rand, que condena al hombre a vivir en la mediocridad, rompiendo con cualquier ambición de mejorarse a sí mismo, ya que no se cree merecedor de dicha mejora.

viernes, 9 de agosto de 2019

Metafísica en el Método Científico

Sabemos que la metafísica es aquella disciplina (evitando denominarla como ciencia) que trata temas no demostrables, principalmente haciendo uso de la razón. Este imposibilidad de probar sus proposiciones fue utilizada por Kant en Crítica a la Razón Pura para dictaminar que la metafísica no era una ciencia. Desde entonces, la metafísica ha sido relegada a un segundo plano en el área del conocimiento.

Si analizamos la base de lo que sí es ciencia, eso es, el método científico, podemos ver entre sus partes:

1. Observación
2. Hipótesis
3. Experimentación
4. Teoría y Ley

que en las dos primeras, no hay ni comprobación ni demostración de sus proposiciones. Dicho de otro modo, la definición de metafísica encaja perfectamente con estos dos primeros pasos. Y ahí se queda, puesto que el objeto de estudio imposibilita su experimentación y verificación (de lo contrario, estaríamos estudiando algo que la ciencia puede abarcar).

Como aclaración cabe apuntar que la metafísica no parte únicamente de la razón y construye a partir de ella. Tal hazaña sería únicamente realizable por parte de alguien que jamás hubiese experimentado ni observado nada. Pero dado que ese caso no se da, podemos concluir que la metafísica siempre hará uso de unos conocimientos previos obtenidos mediante simple observación, y construirá sus proposiciones en mayor medida con la razón.

Alguno ya pensará que esto no tiene gran importancia, debido a que la ciencia no puede prescindir de ninguno de los puntos, y de hacerlo no sería ciencia. Mejor dicho, sería ciencia incompleta.

Cursiomente, la metafísica sí busca un conocimiento, aunque no pueda demostrar que dicho conocimiento sea verdadero (o al menos no al nivel que una ciencia y el método científico logran probar que sus proposiciones son ciertas). La metafísica no busca la belleza, como puede ser el arte, sin un conocimiento incierto, dejémoslo en posible.

domingo, 4 de agosto de 2019

El Infinito y Dios

El infinito. Ese número difícil de comprender que desafía al sentido común y resulta difícil de operar.

Podemos pensar por qué surgió en la humanidad la idea de infinito. Imaginemos una tribu que vive en un bosque. Dicha tribu, para intercambiar bienes, ha desarrollado la habilidad de contar, y sabe, por ejemplo, que dos palos son más que uno, y menos que tres. Pero cuando se ponen a contar los árboles del bosque en el que viven, o bien se quedarán sin números o llegará la noche y no habrán terminado de contarlos. Para poderse referir al número de árboles que hay, decidieron entonces idear un número que abarcase la cuenta contínua e incensante de árboles, infinito número de árboles.

Hoy en día sabemos que dicho bosque no tenía infinitos árboles, y que la idea de infinito surgió para dar solución a números inmensos e inabarcables para el entendimiento humano de la época, bajo la idea de que nunca lograrían acabar de contar dicha cantidad.

En matemáticas, el concepto del infinito es increíblemente útil. Tenemos claro que los números enteros son una serie infinita, que podemos estar sumando o contando numeros por siempre y nunca acabaríamos, no habría fin.

Pero, ¿sabemos si hay algo infinito en el universo, fuera de la mente? En nuestra mente podemos idear cosas infinitas, como en las matemáticas, pero para saber si existe algo infinito en el universo, debemos comprobarlo (no como los de la tribu, que llegados a un punto dejaron de contar y conjeturaron que había infinitos árboles). ¿Cómo comprobar que algo es infinito? ¿Como asegurarnos de que algo físico y real, no tiene fin, si siempre podemos seguir buscando un final? Esa es la cuestión. El infinito no es demostrable.

Haciendo honor al título de esta entrada, el autor se toma la libertad de introducir una opinión o creencia dentro de este blog que premia la objetividad e imparcialidad absoluta. El autor no "cree" en Dios porque, a parte de no tener pruebas de su existencia, tiene una explicación razonable de por qué nos lo hemos inventado.

De exactamente la misma manera, el autor no "cree" en el infinito porque como hemos demostrado, no se puede probar su existencia, y además, existe una explicación razonable de por qué nos lo hemos inventado.

viernes, 12 de julio de 2019

Acercamiento a la Cuestión de si las Matemáticas son Descubiertas o Inventadas

La razón es una herramienta del ser humano para comprender el mundo. Nos permite pensar en multitud de alternativas, lo que viene siendo razonar. Pero normalmente, al utilizar únicamente la razón, llegaremos a dos (o más) conclusiones igual de válidas según dicha razón. Es la comprobación con la realidad la que nos aclarará qué conclusión era la verdadera, la que estaba en lo cierto.

A muchos les sonará este símil a la crítica de la razón pura de Immanuel Kant, quién sentenció a la metafísica (la búsqueda del conocimiento según únicamente la razón) como una práctica no científica, por no poder comprobar sus proposiciones. La metafísica no era ciencia.

Ahora bien, sabemos que las matemáticas tienen su base en la lógica, en la razón. Pero las matemáticas son verdad sin siquiera tener que realizar una medida o comprobación con la realidad. 2+2 serán 4 de aquí hasta el fin de los días, así como ha sido siempre, y en todos los lugares del universo. (de esta manera la física es la forma de conocimiento más certera, debido a estar formada  en parte por construcciones que son verdad en sí mismas). Y de ahí podemos escalar hacia toda matemática más compleja. Estamos ante una verdad sin necesidad de comprobación con la realidad.

Debido a este razonamiento, podemos pensar que las matemáticas, en su forma más fundamental, al ser la verdad sin comprobación con la realidad, son descubiertas. No necesitan ser comprobadas, al igual que un descubrimiento físico y real no necesita de comprobación, puesto que el mero hecho de descubrirlo es prueba de su existencia y veracidad.

sábado, 6 de julio de 2019

Búsqueda de la Perfección: Minimalismo

Desde el comienzo de los tiempos, el ser humano ha intentado, por medio de las distintas formas de expresión humana o artes, como la música o el dibujo, plasmar la idea platónica que tiene en su interior. Esta idea de cómo deberían ser las cosas ya la hemos tratado en otra entrada, pero en esta nos centraremos en cómo llegar a ella. 

Pese a tal incesante búsqueda, nunca hemos llegado al culmen de dicha evolución. Nunca se ha alcanzado una obra mediante la cual un individuo (porque la idea de perfección es indudablemente personal y no colectiva), considere que es perfecta. La idea de perfección es inalcanzable, y solo somos capaces de aproximarnos a ella mediante nuestras representaciones en el arte.

Ante esta imposibilidad, el hombre, inconscientemente, se da cuenta de que la única manera de acceder a tan ansiada idea es la de llegar a ella en la imaginación, dentro de nuestro pensamiento y no fuera, en el mundo real. De esta manera, cuando encontramos una obra, esta nos puede recordar a dicha idea, que disfrutamos imaginándola. Dicho tipo de arte simbólico permite crear un espacio para la imaginación de esa idea, y cuanto menos restrictivo sea dicho arte, más fácil será que nos recuerde a ella. Por tanto, un arte simple y abierto, alejado del intento de alcanzar la perfección directamente, sino enfocado en recrear dicha perfección en la mente del espectador, será la mejor opción. Claramente estamos hablando del minimalismo. Por eso nos puede encantar una música simple, una pintura sencilla o una escultura sobria, siempre y cuando cumpla con los requerimientos expuestos anteriormente.

lunes, 17 de junio de 2019

Necesidad de existencia y Vida

Hemos visto a algunas grades figuras del periodismo español introducir en la sociedad cuestiones de alto carácter filosófico. Concretamente me refiero (sin dar nombres, para no dar crédito a tal persona) al caso en que si nos hubiera gustado nacer con una discapacidad seria (con lo que ello conllevaría para nuestras familias y para el desarrollo de nuestra vida), a sabiendas de vamos a nacer con tal discapacidad, y si no preferiríamos no haber nacido, ahorrandonos tal dificultad.

El autor no se va a detenar a dar su opinión acerca de tal cuestión, tan solo quiere dejar bien clara la propuesta de este caso al lector. ¿Le gustaría que su vida hubiese sido terminada al poco de tiempo de su concepción (como lo hace un aborto) en caso de que al nacer hubiese tenido al 100% seguro, una seria discapacidad que obligase a su familia a mantenerlo, y le obligase a usted a llevar una vida llena de grandes obstáculos para conseguir, si es que llega a ser capaz, sus metas vitales? ¿Hubiese preferido, ya que en tal caso usted ni siquiera hubiese llegado a nacer, o a ser consciente de tal suceso, que su vida no continuase, para dar la posibilidad a una nueva concepción por parte de sus progenitores, libre de tal discapacidad?

Si su respuesta es sí, estamos ante un desafío al imperativo biológico, esa incesante y casi imbatible característica de la vida por la que ésta desea seguir viviendo, perpetuando su existencia. Sabemos que la vida quiere vivir, puesto que las formas de vida que no persiguieron tal fin, acabaron muriendo sin poder pasar sus genes a futuras generaciones. La vida que conocemos existe porque ha querido siempre existir, y es la que mejor lo ha logrado hasta hoy. Otros casos se pueden plantear que desafían al imperativo biológico en la complejidad del ser humano, como por ejemplo, el suicido. Pero vamos a centrarnos en el caso que nos ataña, el deseo de no haber existido bajo ciertas condiciones.

Solo hay una razón para no desear el no haber nacido (si es que el lector se ha decido por responder sí al anterior párrafo), y es la de pensar que nuestra vida es necesaria. Podemos plantear tal cuestión a una persona importante, que consideremos "necesaria" en nuestra sociedad, como por ejemplo el señor Alexander Fleming (que salvó a millones de personas al descubrir la penicilina). En tal caso, poniendo palabras en su vida, el señor Fleming podría razonar: "Hubiese querido nacer igualmente, si bien esas discapacidades no me hubiesen impedido llevar a cabo la obra que hice. Vale más la vida de millones de personas, que los obstáculos que pudiese tener en mi vida y las dificultades de mi familia que supondrían tal discapacidad". 

Y es justamente ese modo de pensar, de saber que se puede, querer hacerlo e intentar llevar a cabo algo importante el que nos puede alejar a responder "sí, quiero nacer y existir de todos modos" a la pregunta, la razón por la que diríamos sí a nacer, sí a vivir, y sí a al menos intentar sobresalir, triunfar, y sobretodo, superar la decisión de cesar nuestra existencia.

miércoles, 12 de junio de 2019

Ayn Rand, Perfección y Ascesis

La novelista y filósofa Ayn Rand defendia el concepo de aristotélico del arte como el intento de representación de las cosas y los seres "como podrían ser y como deberían ser". El arte da al hombre la experiencia de vivir en un mundo donde las cosas son como deberían ser.  Dado que la ambición del hombre no tiene límite, dado que su búsqueda y logro de valores es un proceso que dura toda la vida (y cuanto más elevados los valores, más dura es la lucha), el hombre necesita un momento, una hora, cierto período de tiempo en el cual pueda experimentar el sentido de su tarea terminada, el sentido de vivir en un universo donde sus valores hayan sido exitosamente realizados. 

Esta concepción del hombre se resume con su búsqueda de lo que él considera la perfección. La idea de la perfección ha sido relacionada con la idea de dios por otros filósofos (cuarta vía de Tomás de Aquino), y tal búsqueda de la perfección ha sido relacionada como forma de "encontrar" o "ver" a dios. La vida como aproximación o intento de asemejanza a dios ha sido también tratada por otros filósofos.

De estas relaciones podemos concluir que la vida es un ejercicio de ascesis (conjunto de prácticas y hábitos que sigue el asceta para conseguir la perfección moral y espiritual), en búsqueda de la perfección y la idea de dios.

"All that is not perfect down to the smallest detail is doomed to perish" -Mahler